
Una vez dentro, me temo que no se cumplieron las expectativas generadas, o mejor dicho, se cumplieron totalmente: quizá por culpa del (desacertado) modelo de debate, cada uno soltó su discurso en una suerte de monólogos concatenados que no se diferenciaron en nada de aquéllos de los que se ha hecho uso (y abuso) durante los últimos cuatro años. Si hubiera habido dos o tres periodistas proponiendo temas o haciendo preguntas concretas se habría evitado lo que finalmente sucedió: los candidatos se ignoraban el uno al otro para poder encajar todo lo que querían decir en el tiempo pactado, entrando apenas en lo que decía el otro.
En los análisis posteriores al evento también se siguió el guión: los indios creen que han ganado ellos y los vaqueros están seguros de haberse hecho con la victoria… En fin, esperemos que en el debate del próximo lunes se deje a un lado la espectacularidad circense y tenga cabida la presentación y discusión de propuestas de futuro, en lugar del clásico “y tú más”, tan característico en los últimos años del panorama político español.
Texto entregado en la asignatura Periodismo especializado I

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